La sobrediagnosticación de los trastornos neuropsicológicos en sus diversas categorías como la dislexia, el déficit de atención con o sin hiperactividad, trastornos del espectro autista, discalculia o los trastornos oposicionistas desafiantes, ha traído implicaciones negativas en la vida socioemocional de los niños en edad escolar que trascienden a la vida adulta en términos de autoestima y personalidad que en muchos casos han sido el detonante para la deserción escolar.

 De esta manera, desde el marco de la Educación Inclusiva, la tarea esencial del Licenciado en inclusión educativa es “…identificar, prevenir y eliminar las barreras que limitan el aprendizaje y la participación plena y efectiva en la sociedad de las personas con discapacidad, con dificultades severas de aprendizaje, de conducta y de comunicación…” (Ley General de Educación, 2016). Lo que requiere del desarrollo de competencias profesionales que le permitan identificar aquellas manifestaciones producto de alteraciones de los procesos neuropsicológicos implicados en el aprendizaje escolar y diferenciarlos de los errores típicos en el proceso de la construcción del objeto de conocimiento. 

El aprendizaje, desde la postura histórico-cultural se concibe como un proceso activo que depende de la forma de organización de la actividad a través de un sistema de acciones que se realizan conscientemente. Así, la actividad representa el medio que favorece la solución de problemas durante el proceso de interacción con el mundo, al realizar no sólo las acciones prácticas externas, sino también las acciones psíquicas. 

Para Luria (1986) la base psicofisiológica de las funciones psicológicas son los sistemas funcionales complejos. El análisis neuropsicológico se lleva a cabo a través de una unidad particular a la cual denominó factor neuropsicológico; estos se especializan e integran en los diferentes sistemas funcionales que definen los mecanismos para el aprendizaje: por ejemplo, de la lectura, la escritura y el cálculo, entre otros. De esta manera, los factores neuropsicológicos comparten su trabajo para realizar determinadas tareas académicas; si un factor falla, se deriva un efecto sistémico cuya alteración se verá reflejada no sólo en una actividad en particular como la lectura o la escritura, sino en todas las tareas en que se encuentren implicadas. 

En este sentido, es importante que el estudiante reconozca que el manejo de los trastornos neuropsicológicos del aprendizaje requiere de un trabajo integral que abarque tanto la comprensión de la organización de las funciones psicológicas superiores, las diversas esferas de la vida psíquica del alumno, así como el funcionamiento y su organización cerebral. Desde esta perspectiva, el diagnóstico debe partir del análisis neuropsicológico de las acciones escolares  para descubrir las causas de los “errores” que presenta el alumno durante el proceso de aprendizaje para distinguir, en el desarrollo evolutivo, los que son de tipo “constructivo” de los que obedecen a una alteración en los procesos neuropsicológicos.

La sobrediagnosticación de los trastornos neuropsicológicos en sus diversas categorías como la dislexia, el déficit de atención con o sin hiperactividad, trastornos del espectro autista, discalculia o los trastornos oposicionistas desafiantes, ha traído implicaciones negativas en la vida socioemocional de los niños en edad escolar que trascienden a la vida adulta en términos de autoestima y personalidad que en muchos casos han sido el detonante para la deserción escolar. De esta manera, desde el marco de la Educación Inclusiva, la tarea esencial del Licenciado en inclusión educativa es “…identificar, prevenir y eliminar las barreras que limitan el aprendizaje y la participación plena y efectiva en la sociedad de las personas con discapacidad, con dificultades severas de aprendizaje, de conducta y de comunicación…” (Ley General de Educación, 2016). Lo que requiere del desarrollo de competencias profesionales que le permitan identificar aquellas manifestaciones producto de alteraciones de los procesos neuropsicológicos implicados en el aprendizaje escolar y diferenciarlos de los errores típicos en el proceso de la construcción del objeto de conocimiento.

El aprendizaje, desde la postura histórico-cultural se concibe como un proceso activo que depende de la forma de organización de la actividad a través de un sistema de acciones que se realizan conscientemente. Así, la actividad representa el medio que favorece la solución de problemas durante el proceso de interacción con el mundo, al realizar no sólo las acciones prácticas externas, sino también las acciones psíquicas. Para Luria (1986) la base psicofisiológica de las funciones psicológicas son los sistemas funcionales complejos. El análisis neuropsicológico se lleva a cabo a través de una unidad particular a la cual denominó factor neuropsicológico; estos se especializan e integran en los diferentes sistemas funcionales que definen los mecanismos para el aprendizaje: por ejemplo, de la lectura, la escritura y el cálculo, entre otros. De esta manera, los factores neuropsicológicos comparten su trabajo para realizar determinadas tareas académicas; si un factor falla, se deriva un efecto sistémico cuya alteración se verá reflejada no sólo en una actividad en particular como la lectura o la escritura, sino en todas las tareas en que se encuentren implicadas.

En este sentido, es importante que el estudiante reconozca que el manejo de los trastornos neuropsicológicos del aprendizaje requiere de un trabajo integral que abarque tanto la comprensión de la organización de las funciones psicológicas superiores, las diversas esferas de la vida psíquica del alumno, así como el funcionamiento y su organización cerebral. Desde esta perspectiva, el diagnóstico debe partir del análisis neuropsicológico de las acciones escolares


 

para descubrir las causas de los “errores” que presenta el alumno durante el proceso de aprendizaje para distinguir, en el desarrollo evolutivo, los que son de tipo “constructivo” de los que obedecen a una alteración en los procesos neuropsicológicos.